Remedios extendiendo su mano arrugada hacia la guardia.
—Dame el teléfono, niña —susurró La Patrona. Valeria obedeció al instante. Cayó de rodillas sobre el frío suelo de concreto de la celda, entregándole el dispositivo como un súbdito aterrorizado ofreciendo un tributo a su verdugo. Su porra de acero rodó inútilmente por el suelo. Remedios se llevó el teléfono Leer más









