La familia entera quedó paralizada al ver lo que entró por la puerta de la finca en medio de la tormenta: nadie podía creer que seguía vivo.
El viento huracanado azotaba los inmensos ventanales de cristal de la lujosa finca de los Montenegro en lo más alto de Jarabacoa. Dentro del majestuoso comedor, el calor de la chimenea y el tintineo de las copas francesas intentaban disfrazar la profunda falsedad de la cena de celebración. La matriarca Leer más









